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Proyecto Categorización>Archivo>Taller Dr. Silvio Pinto>Requisitos para una teoría de conceptos
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El Dr. Pinto empieza su ponencia planteando la siguiente pregunta: ¿Qué tipo de entidades son los conceptos y para qué sirven? Para entender la naturaleza de los conceptos habría que comprender cómo es que y en qué tipo de actividades los utizamos. Una de las explicaciones que se dan al respecto está basada en la psicología popular (Folk Psychology), ofrecida por Fodor. (Fodor, 1987)
La
psicología popular es el aparato explicativo y predictivo que
utilizamos comúnmente para entender la conducta tanto de
nuestros semejantes como de nosotros mismos en términos de creencias,
deseos, emociones, miedos, angustias, percepciones y todos los otros
estados mentales que normalmente atribuimos a ellos y a nosotros mismos.
Tales estados mentales son intermediarios causales entre los estímulos
verbales y no verbales que nos bombardean todo el tiempo y las
respuestas que elaboramos y que comúnmente llamamos
acciones. Para
poder realizar descripciones de la conducta humana en términos de
acciones, la psicología popular apela necesariamente a la noción de
estado mental (una creencia, un estado de comprensión lingüística, un
deseo, etc.). Los
estados mentales tienen un doble papel en la psicología popular: a)
un papel causal b)
un papel racionalizador de la conducta.
Debido
a su rol causal, los estados mentales son considerados como los
causadores de la acción humana y también como efectos de los estímulos
verbales y no-verbales a que estamos sometidos.
Debido
a su rol racionalizador, los estados mentales están en relación con la
conducta que nos permite juzgar acerca de la adecuación o no adecuación
de esta última a los estados mentales que la han causado.
El tipo de adecuación que nos interesa aquí es la que está
asociada a la racionalidad (y más específicamente a la racionalidad
entendida como maximización de la utilidad esperada).
Lo relevante para la presente discusión es que los estados
mentales sean también vistos como los racionalizadores de la acción.
Por
ejemplo, cuando observamos que una acción se desvía de lo esperado lo
que en general hacemos es atribuir
al agente otros estados mentales además de los que ya conocíamos
para intentar restaurar la coherencia de su conducta con su
mentalidad. Si despues de un número de veces no tenemos éxito en
restaurar tal coherencia, entonces declaramos que el agente es
incomprensible. Sobre
los estados mentales que postula la psicología popular se dice que
tienen contenido intencional;
tales estados representan el mundo como siendo de una determinada
manera. Normalmente
se afirma que el contenido intencional de un estado mental es
proposicional; esto quiere decir que nuestros estados mentales
intencionales (también llamados de actitudes proposicionales) tienen
como contenido una proposición. En
cuanto a la naturaleza de los conceptos, aclara el Dr. Pinto,
habría que analizar tres perspectivas distintas:
1.
Una primera aproximación establece que los conceptos son los contenidos
o significados de las expresiones constituyentes de una oración
declarativa.
Ahora
bien, dejando de lado por el momento la cuestión de si a toda expresión
del lenguaje corresponde un concepto, es importante hacer la distinción
entre concepto y representación mental.
(ver taller de Woodfield) Dentro
de las ciencias cognitivas en su vertiente cognitivista o simbólico
representacionista, el término ‘concepto’ es usado para designar
una representación mental; esto implica considerarlos como símbolos de
un cierto lenguaje de pensamiento, especialmente en el llamado modelo
computacional de la mente. Para
evitar confusiones y sin tomar partido con relación a la adecuación de
dicho modelo, para el presente taller, propone el Dr.
Pinto, consideraremos los conceptos como el contenido de estos
posibles símbolos del mentalés (obviamente bajo la hipótesis de que
hay un tal lenguaje). De
todos modos, si no hay un lenguaje de pensamiento, esto no afectará
nuestra postura, ya que en este caso los conceptos serán los contenidos
de expresiones constituyentes de oraciones (probablemente no todas sus
expresiones) de los lenguajes públicos.
Sin
embargo, el principal motivo de insatisfacción con esta caracterización
inicial de la noción de concepto tiene que ver con una supuesta
incompatibilidad entre las nociones de significado, contenido e
intencionalidad con una explicación naturalista de la mentalidad
humana. De
aquí surge la propuesta naturalista de Quine,
para quien no hay una distinción esencial entre la explicación filosófica
y la explicación científica y por lo tanto, para que las nociones
filosóficas sean respetables se deben reducir a alguna noción científica
respetable. Los
conceptos de la física son respetables en el sentido de que pueden
figurar en leyes; en contraste, los conceptos psicológicos no son
respetables porque no hay leyes psicológicas tan precisas como las
leyes físicas. Entre los
conceptos psicológicos no-respetables están ciertamente los de
contenido, significado y estado mental.
Debido
al supuesto conflicto entre las nociones intencionales de contenido y
significado, y el naturalismo entendido á la Quine, mucha gente ha sugerido una caracterización materialista o
fisicalista de los conceptos; el enfoque disposicionalista se tornó
bastante popular en los años 50 del siglo XX.
La idea era caracterizar los conceptos en términos de ciertas
disposiciones verbales y no-verbales de un sujeto.
Los disposicionalistas sostenían además que la caracterización
de la posesión conceptual tiene prioridad sobre la explicación de la
naturaleza de los conceptos. 2.
Una segunda aproximación establece que poseer
un concepto es tener ciertas disposiciones para clasificar
objetos y para hacer ciertas inferencias.
A
pesar de ser muy atractivo, el enfoque disposicional fue blanco de
muchas críticas en las décadas siguientes del siglo XX principalmente
por no ser capaz de explicar la normatividad de los contenidos
conceptuales con relación a la conducta y también la composicionalidad
de tales contenidos. La
fuerza del naturalismo resulta también del gran impulso alcanzado por
las llamadas ciencias cognitivas en la segunda mitad del siglo XX, donde
se plantea la posibilidad de construir máquinas que puedan actuar y
pensar como los seres humanos. De
acuerdo con uno de los modelos de las ciencias cognitivas, el modelo
computacional, la mente es como una máquina de procesamiento simbólico.
Como todas las máquinas de este tipo, la mente debe entonces
operar con un lenguaje. Esta
tesis es conocida en la literatura como la tesis del lenguaje de
pensamiento. Los conceptos
en este modelo son los símbolos de este lenguaje y su contenido
consiste en las leyes que rigen la relación entre estos símbolos y las
propiedades en el mundo que corresponden a ellos.
Vale
observar que aquello que los computacionalistas llaman de concepto
equivale en términos de nuestra discusión presente a una expresión
conceptual (aunque esta sea interna y posiblemente privada; al contrario
de las expresiones de nuestros lenguajes ordinarios que son públicas).
El contenido de una expresión conceptual es lo que estamos aquí
llamando de concepto propiamente.
3.
Una tercera aproximación establece que poseer
un concepto tal y tal es estar relacionado nómicamente con la
propiedad tal y tal. El
Dr. Pinto sugiere posponer
una discusión más profunda de esta propuesta para más adelante y
apunta al hecho de que lo interesante de las dos últimas propuestas es
que ellas no conciben los conceptos como entidades no-naturales y en
esto satisfacen al desideratum naturalista.
Bibliografía:
Fodor,
J. 1987: Psychosemantics (Cambridge: The MIT press) Fodor,
J. 1998: Concepts (Oxford: Oxford University Press) Guttenplan,
S. 1994: A Companion to the Philosophy of Mind (Oxford:
Blackwell) Horwich,
P. 1998: Meaning (Oxford: Clarendom Press) Peacocke,
C. 1992: A Study of Concepts (Cambridge: The MIT Press) Quine,
W. 1969: Ontological Relativity & Other Essays (New York:
Columbia University Press) Wittgenstein,
L. 1953: Philosophical Investigations (Oxford: Blackwell)
Mª Teresa Fernández Francés
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