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Conferencia inaugural : Ceguera al cambio (change blindness)

7 de Abril de 2003

 

El Dr. Kevin O’Regan comienza este taller hablándonos del problema de la estabilidad visual (visual stability), problema que los psicólogos llevan más de cuatro décadas tratando de resolver. Cuando vemos, los ojos no están quietos, sino que se mueven de tres a cinco veces por segundo (los llamados ‘movimientos sacádicos’). ¿Por qué entonces no vemos el mundo borroso o en constante movimiento? Usando la metáfora de la máquina de fotografiar, si el fotógrafo está moviéndola constantemente, las fotos salen borrosas. ¿Por qué es diferente en nuestro caso? Se han llevado a cabo muchas investigaciones con el objetivo de resolver este problema, pero con resultados diversos. Los dos mecanismos que se han propuesto para explicar este fenómeno son:

 

-Supresión sacádica (saccadic supression): Según esta explicación, el cerebro “cierra el grifo” durante los movimientos sacádicos, de modo que se suprime la  señal.

 

-Fusión transacádica (transaccadic fusion): De acuerdo a esta perspectiva, lo que vemos no es el mundo exterior, sino su reflejo/ su representación en una especie de “pantalla interior” (internal screen), por eso el resultado de una secuencia de movimientos del ojo es una escena coherente y unificada.  El Dr. O’Regan, con Levy-Schoen, realiza en 1983 un experimento[1] que pretende eliminar esta concepción. Muchos otros experimentos[2] cuestionan la idea de que la gente necesite una “pantalla interna”.

 

Normalmente, si estamos viendo una imagen, y se produce un cambio de cierta magnitud en ella, nos damos cuenta inmediatamente. Sin embargo, si el cambio se produce mientras una pantalla en blanco cubre la imagen[3], o se mancha la pantalla con ‘salpicaduras de barro’[4],  es muy difícil darse cuenta de él. Estos experimentos nos acercan  a la idea de ceguera al cambio (change blindness).

 

Los experimentos llevados a cabo por Simons, en situaciones de la vida real, también parecen dirigirnos hacia esta noción. En estos experimentos, la gente no reacciona ante cambios que a un observador externo le parecen evidentes.

 

Para explicar la visión, desde la teoría de la “pantalla interior”, necesitamos postular algo parecido a la vieja teoría del homúnculo.

 

Experimentos hechos por MacKay[5] sugieren que, al ver el mundo, hacemos algo parecido a los ciegos, cuando lo exploran con sus manos. MacKay nos dice que no necesitamos una “mesa interior”; simplemente exploramos la mesa exterior a nosotros.

 

¿Por qué tenemos entonces la impresión de una experiencia visual tan rica?

Volvemos al experimento de MacKay: al principio se hace contacto con los dedos, se explora el objeto dentro de la bolsa, pero llega un momento en que de repente aparece la solución y el sujeto tiene la sensación de la armónica “por entero”, lo que significa que se pasa de una exploración a una aprehensión completa y repentina. Esta sensación de la armónica completa se deriva del conocimiento que adquirimos al mover nuestros dedos.  No se deriva de una representación interna. Es un conocimiento implícito, que nace de la familiaridad.

 

Según una analogía propuesta por N. Thomas, pensamos que la luz del refrigerador siempre está encendida, porque cada vez que abrimos la puerta, la luz está encendida. Tal vez hagamos lo mismo cuando vemos, y ver sea similar a este acceso que tenemos al abrir la puerta del refrigerador.

 

“Ver es como explorar con una mano gigante”, nos dice el Dr. O’Regan. Ver no es un proceso de creación de representaciones, sino una habilidad de exploración (exploratory skill). El Dr. O’ Regan llama contingencias sensoriomotoras (sensorimotor contingencies), debiendo entender por ‘contingencias’ relaciones no necesarias entre input y output.

 

Regresando a los experimentos ya citados de McKay, tenemos que éstos, en opinión del Dr. O’Regan, derriban la hipótesis de la fusión transacádica. La visión no necesita ser “llenada”, y tampoco es necesaria la compensación de los ojos. El mundo aparece entonces como una “memoria externa”[6] (outside memory). Esto implica, por un lado, que no necesitamos representaciones internas, y, por otro, que el mundo está accesible constantemente, como una `memoria externa´.

 

Admitiendo que ver implique una cierta “manipulación”, debemos darnos cuenta de que sólo podemos manipular una cosa a la vez. Aquí es donde la atención juega un papel importante.

 

El Dr. O’Regan nos muestra una serie de ejemplos en esta dirección, entre ellos, que se pueden ver en su página web, y concluye que la atención juega un papel fundamental en la visión, hasta el punto de que la determina. No vemos aquello a lo que no atendemos[7]. Así se llega al concepto de ceguera por falta de atención (inattentional blindness). 

 

Si ver es explorar una memoria externa, como nos ha sido sugerido, y recordar es explorar una memoria interna, ¿por qué, entonces, ver es tan diferente a recordar? Para el Dr. O’Regan, debido a dos factores:

 

-Corporalidad

Las cosas que vemos están ligadas a movimientos del cuerpo; en cambio, los recuerdos no: si movemos la cabeza, nuestro recuerdo de la persona X no varía. La cualidad fenoménica del recuerdo es distinta cuando vemos que cuando recordamos.

-Capacidad de alerta

Cuando el recuerdo cambia, no nos alerta con la misma intensidad que cuando pasa en el mundo. Un ejemplo de esto sería comparar el efecto de un ruido fuerte y del recuerdo que tenemos del mismo. Mientras que el primero nos “levanta del asiento”, el recuerdo prácticamente nos deja como estábamos.

 

De acuerdo a estos dos parámetros podemos clasificar un gran número de estados, como se puede ver en la siguiente gráfica:

 

Una de las tesis fundamentales de la teoría del Dr. O’Regan es que no se necesita representar internamente la información, ya que está constantemente disponible fuera en todo momento. Por otra parte, la unidad de la experiencia se explica porque hay una unidad de la actividad misma, en el sentido de que existe un patrón coherente de conducta coordinada con respecto al medio. Así pues, no es necesario integrar la información.

 

Para el Dr. O’Regan, debemos diferenciar dos puntos de vista según los cuales:

-El cerebro crea experiencias (enfoque tradicional).

-El cerebro permite acciones de relación con el medio, y tiene conocimiento (enfoque del Dr. O’ Regan). Según este punto de vista, un robot puede tener experiencias.

 

 

Algunas predicciones del enfoque sensoriomotor, que iremos viendo durante el resto de los talleres son:

-Ceguera al cambio

-Conciencia fenoménica

-Adaptación al color

-Sustitución sensorial

-Génesis de la noción de espacio físico

 

Bibliografía

  • GRIMES, J.: 1996, “On the Failure to Detect Changes in Scenes across Saccades”, en AKINS, K. (ed.): Perception, Oxford University Press, New York and Oxford, pp.89-110

  • MacKAY, D.M.: 1962, “Theoretical Models of Space Perception”, en MUSES, C.A. (ed.): Aspects of the Theory of Artificial Intelligence, Plenum Press, New York, pp. 83-104

  • McCONKIE, G.W. y CURRIE, C.B.: 1996, “Visual stability across saccades while viewing complex pictures” Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance 22(3), 563-581

  • O’REGAN,J.K.: 1992, “Solving the ‘Real’ Mysteries of Visual Perception: The World as an Outside Memory”, Canadian Journal of Psychology 46, 461-488

  • O’REGAN,J.K., DEUBEL, J.J. CLARK, J.J. y RENSINK, R.A.:  2000, “Picture Changes during Blinks: Looking without Seeing and Seeing without Looking”, Visual Cognition 7(1-3), 191-212

  • O’REGAN, J.K. y NOë, A.: 2001, “What it is like to See: A Sensorimotor Theory of Perceptual Experience”. Synthese 129: 79-103

  • O’REGAN,J.K., RENSINK, R.A. y CLARK, J.J.: 1999, “Change-Blindness as a Result of ‘Mudsplashes’”, Nature 398, 34

  • PALMER, S.: 1999, Vision Science. From Photons to Phenomenology, The MIT Press

  • RENSINK, R.A., O’REGAN,J.K. y CLARK, J.J.:1997, “To See or Not to See: The Need for Attention to Perceive Changes in Scenes”, Psychological Science 8(5), 368-373

  • RENSINK, R.A., O’REGAN,J.K. y CLARK, J.J.: 2000, “On the Failure of Detect Changes in Scenes Across Brief Interruptions”, Visual Cognition 7 (1-3)

 Notas

[1] Se sitúa al sujeto ante una pantalla y se le pide que alternativamente mire a un punto a la derecha o a la izquierda de la misma.Cuando mira a uno de los puntos, aparecen unos fragmentos de la palabra POT, mientras que cuando mira al otro lado, los fragmentos cambian y aparecen sus complementarios. Si la hipótesis de la fusión transacádica fuese cierta, sería de esperar que, a través de los movimientos alternos del ojo, el sujeto viese la palabra completa. Sin embargo, no fue así.

[2] McConkie y Zola (1979); O’Regan (1981); McConkie y Currie (1996); Grimes (1996)

[3]Rensink, O’Regan y Clark (1997 y 2000); O’Regan, Deubel, Clark y Rensink, (2000)

[4] O’Regan, Rensink y Clark (1999)

[5] MacKay (1962) En estos experimentos, el sujeto tiene que identificar, a través del tacto, un objeto-concretamente, una armónica- situado en el interior de una bolsa opaca.

[6] O’Regan (1992)

[7] Sin embargo, este es un punto de vista que envuelve una tensión. Según el Dr. O’Regan, como hemos visto, sólo vemos aquello de lo que estamos conscientes. Sin embargo, exigir que para que un objeto o situación sea relevante, deba pasar primero por el filtro de nuestra conciencia, resulta excesivo, ya que no podemos tampoco atender (y actuar en función de) aquello que no vemos.

 

 

José María Filgueiras Nodar

 

El problema de la conciencia fenoménica

8 de Abril del 2003

 

Empieza su taller el Dr. O’Regan diciendo que la charla tratará de la conciencia y se basará en un curso que impartió en París hace un año. Se pueden revisar las imágenes y los datos en su página web http://nivea.psycho.univ-paris5.fr

 

Para hablar de la conciencia, el primer problema con que nos enfrentamos es el de su definición. Actualmente está de moda hablar de la conciencia y han surgido un número indefinido de teorías tratando de explicarla. El problema, sostiene el Dr. O’Regan, es que existen muchos aspectos del término que se pueden analizar; por ejemplo, se utiliza ‘estar consciente’ en oposición a ‘estar muerto’, o en oposición a ‘tener el estado mental de un insecto’, se utiliza también en el sentido de ‘estar consciente de una experiencia’ o en el sentido de ‘tener acceso cognitivo a cierta información’ (poder utilizar la información racionalmente en la planeación de nuestras actividades), o en el sentido de ‘estar consciente de sí mismo’ (tener la noción del ‘yo’).

 

Entonces, ¿qué es la conciencia? El Dr. O’Regan está convencido de que es la ciencia la que puede darnos una explicación; sin embargo, la ciencia, aclara nuestro ponente, no progresa proponiendo respuestas, sino planteando las preguntas correctas. Preguntas que sí pueden ser respondidas desde una perspectiva científica. El truco, afirma el Dr. O’Regan, es encontrar un subdominio dentro del tema de la conciencia en el cual pueda penetrar la ciencia y esto es lo que sugiere haber encontrado.

 

Primeramente habría que distinguir entre las dos formas de conciencia establecidas por algunos filósofos: la conciencia transitiva (conciencia de algo) y la intransitiva creature consciousness (disposición a tener conciencia transitiva). Otra distinción útil es la propuesta por Ned Block, que divide la conciencia transitiva en conciencia de acceso y conciencia fenoménica. La primera es definida por Block como la que provee acceso cognitivo a algo; es decir, se puede utilizar aquello de lo que somos conscientes de forma racional en la planeación de acciones, en juicios, o en proposiciones lingüísticas. La segunda hace referencia a un tipo de conciencia algo misteriosa, aquella que se da en la experiencia subjetiva, la cualidad distintiva de una experiencia que nos permite saber que experimentamos algo aunque no podamos describir lo que es.

 

Una vez planteadas estas distinciones, nos vemos enfrentados al hiato explicativo entre la física y la fenomenología. Por su parte, la conciencia de acceso cognitivo no presenta un grave problema; este tipo de conciencia es la que se maneja en Inteligencia Artificial y Sistemas Expertos. Actualmente existen máquinas muy sofisticadas que pueden utilizar la información de forma racional, tomar decisiones, etc. Sin embargo, la conciencia fenoménica sí presenta un problema importante, como el tratar de explicar la diferencia entre las experiencias sensoriales (entre la sensación del color rojo y el sabor a menta) o entre las experiencias sensoriales y la memoria o la imaginación. Las sensaciones son, en general, si no imposibles, sí muy difíciles de explicar. ¿ Existe un proceso neurofisiológico distinto para cada experiencia sensorial? ¿ De qué manera se ligan los fenómenos a los procesos neurofisiológicos particulares y éstos a su vez a las distintas sensaciones?

 

Estos problemas parecerían indicar, entonces, que la noción de conciencia fenoménica se escuentra fuera del alcance de la investigación científica. Sin embargo, puesto que es un hecho que tenemos experiencias sensoriales, tiene que existir la manera de poder explicarlas. Para ello, sostiene el O’Regan, debemos repensar el problema desde una perspectiva completamente distinta, pensar la conciencia dentro de un nuevo paradigma. Ahora bien, antes de abordar esta nueva perspectiva y con fines aclaratorios, sugiere el Dr. O’Regan que lo sigamos en el recorrido personal que lo llevó a postular su hipótesis actual: empezando por el análisis de los defectos del sistema  visual (como la ceguera al cambio que vimos en la sesión anterior), la idea del mundo como una memoria externa y finalmente la teoría de una fenomenología analítica.

 

Desde Aristóteles hasta el siglo XVI,se creyó que la lente que posibilita la visión se encontraba en el centro de ojo. No fue hasta 1604 que Kepler descubre que el cristalino, que permite la visión, se encuentra en la parte frontal del globo ocular. Descubre también que es en la retina donde se reproduce la imagen visual. Es a partir de este momento, y no antes, que se empieza a utilizar la noción de imagen en relación al sistema visual. Con los descubrimientos de Kepler surge un problema: el hecho de que la imagen en la retina se encuentra invertida. A partir de entonces, la confusión que este fenómeno causó dio pie a un sinnúmero de intrincadas teorías que intentaban brindar una explicación. ¿ Cómo es posible que, estando la imagen retiniana invertida, no veamos el mundo al revés? En la actualidad, este fenómeno no presenta problema alguno; se sabe que, independientemente de la imagen retiniana, es la interacción con el mundo la que nos permite ver “correctamente”.

 

Volviendo al tema de los defectos del sistema visual, otro ejemplo que demuestra que tenemos la impresión de un campo visual rico cuando en realidad es bastante somero es el del punto ciego. En cierto punto de la parte trasera del ojo (el lugar por donde el nervio óptico y las venas que irrigan el ojo entran al globo ocular) no hay fotorreceptores, lo cual implica que hay un punto en el campo visual en el cual somos ciegos.

 

Nuevamente nos encontramos frente a más evidencia de que hay aspectos de la visión que nos proveen de información pobre o incompleta. ¿ Cómo podemos tener la impresión de riqueza cuando la representación interna es deficiente? Bajo la concepción clásica de la percepción visual se ha defendido que el punto ciego es compensado gracias a un mecanismo de llenado que completa las partes faltantes de la imagen. Esta, como otras explicaciones de compensación del punto ciego, como las explicaciones que se dieron en el pasado al problema de la imagen retiniana invertida, lejos de resolver el problema, lo hacen más complejo.

 

Desde la perspectiva que plantea el Dr. O’Regan no es necesario postular un mecanismo de llenado ni ningún otro mecanismo para compensar por el punto ciego, de la misma manera en que no es necesario un mecanismo táctil de llenado para compensar por el espacio entre nuestros dedos cuando realizamos reconocimientos táctiles. El punto ciego, dentro del paradigma de O’Regan, no presenta ningún problema.

 

María Teresa Fernández Francés

 

Hacia una teoría de la conciencia fenoménica

9 de Abril del 2003

 

 

En su segundo taller, el Dr. O’Regan desarrolla una crítica de la concepción mecanicista clásica de la visión. Según la concepción clásica, la visión está considerada como una recepción pasiva de imágenes. Desde Kepler, se pensaba que la función del ojo era focalizar una imagen en el fondo del globo ocular. Sin embargo, esa concepción de la visión perturbó mucho a los pensadores clásicos, que se vieron obligados a concebir mecanismos de compensación para corregir los diversos defectos del sistema visual, lo que supuso una concepción dualista (en la medida en que necesita la presencia de un ojo interno y una pantalla interna), rechazada por el Dr. O’Regan, de los mecanismos cognitivos.

 

Los defectos del sistema visual:

 

Los neurofisiólogos dicen generalmente que nuestro ojo no es un sistema óptico de gran precisión, y mencionan principalmente cinco defectos importantes:

 

1)Existe un punto ciego debido al nacimiento del nervio óptico en el fondo de la retina

2)Los conos responsables de la percepción de los colores están concentrados sobre todo en la parte central de la retina, lo que no debería permitirnos percibir colores en el resto del campo visual.

3)La forma curva de nuestra retina debería provocar distorsiones de la imagen real.

4)La presencia de numerosos vasos sanguíneos en el ojo debería también perturbar la visión.

5)Los movimientos sacádicos del ojo deberían provocar  una imagen borrosa e inestable.

 

Para explicar por qué tales defectos ópticos no perturban nuestra visión, los neurofisiólogos clásicos avanzan la hipótesis de que el cerebro produce mecanismos de compensación para alcanzar una imagen perfecta. El propósito de dichos mecanismos de compensación sería reconstruir una representación interna del mundo exterior, la cual estaría al origen de nuestra experiencia visual. Es en contra de esa idea de una ‘pantalla interna’ que el Dr. O’Regan presenta su teoría de la conciencia fenoménica.

 

La conciencia fenoménica:

 

La teoría clásica de la visión traduce una concepción dualista de los mecanismos cognitivos, pues toma en cuenta al mismo tiempo la naturaleza biológica de nuestro cerebro y una conciencia concebida como un tipo de sujeto interior hacia el cual el cerebro dirige las informaciones sensoriales procesadas y corregidas. Según esta teoría, nuestra experiencia visual sería relativa a una representación mental del mundo, es decir, relativa a una mera interioridad.

 

Sin embargo, el Dr. O’Regan rechaza dicha concepción internalista, dualista y pasiva de la percepción visual y sugiere que nuestro sistema visual opera de manera dinámica. Para ver, el ojo tiene que moverse buscando la posición correcta para captar la señal extrarretiniana. Por eso es preciso considerar al ojo no de manera aislada, sino como un sistema de interacciones cognitivas (cf. Gibson, 1966).

 

En lugar de concebir la percepción del mundo como una representación interna, el Dr. O’Regan afirma que nuestra percepción corresponde a la coincidencia de la realidad objetiva con nuestro sistema sensorial. El mundo exterior actúa sobre nuestro sistema visual como una memoria externa, y nuestra experiencia de ver se manifiesta cada vez que nos conectamos con el mundo exterior a través de nuestras capacidades visuales. La visión es un modo de exploración de esta memoria externa del mundo. Los experimentos de ceguera al cambio nos enseñan que no percibimos todos los elementos presentes en nuestro campo visual. Podemos no percibir un elemento evidente si nuestra atención está movilizada en otro elemento (ejemplo del gorila). El papel de la atención es fundamental para nuestra experiencia visual, pues nuestra atención va a modificar la secuencia de los movimientos oculares en función de nuestras intenciones e intereses. Aquí se presenta el problema del solipsismo.

 

El Dr. O’Regan afirma que nuestra impresión de percibir todo lo que está presente en nuestro campo visual es una ilusión generada por la disponibilidad inmediata de la información visual. En realidad, nuestra experiencia visual corresponde a la exploración de nuestro mundo visual. Para percibir, tenemos que que ‘manipular mentalmente’ el mundo exterior. Por eso, necesitamos una estructura de exploración (rutinas cognitivas) para operar esta manipulación: necesitamos conocimientos (conocimientos de las contingencias sensoriomotoras) para poder ver.

 

En la teoría clásica, en la que el cerebro crea la experiencia, la visión consistía en construir una representación interna del mundo exterior. Pero era difícil explicar cómo una entidad física como el cerebro podía generar la sensación de ver, que no es algo físico.

 

En la nueva perspectiva presentada por el Dr. O’Regan, este problema desaparece, pues la experiencia no se ubica en el cerebro, sino que corresponde a la exploración activa de nuestro mundo y al conocimiento de los diferentes cambios que se van a manifestar en el transcurso de aquella. El cerebro no tiene que generar ninguna experiencia visual, sino producir una actividad de exploración del mundo y elaborar un conocimiento de las diferentes posibilidades de cambio.

 

Para resumir la teoría de la conciencia fenoménica del Dr. O’Regan, podemos decir que tener una sensación perceptiva es acceder al saber que estamos ejerciendo una habilidad sensoriomotriz de un tipo específico. Eso requiere tomar en cuenta nuestra corporeidad, nuestra capacidad de alerta y el mundo como memoria externa.

 

Jean-Philippe Jazé

 

Una teoría de la visión

10 de Abril del 2003

 

En esta sesión, el ponente propone concebir la visión como una actividad que involucra habilidades sensoriomotrices y con esto resumir lo que ha venido planteando en sesiones anteriores.

 

El análisis general de la visión de O’Regan propone que ‘ver’ es algo que hacemos, y lo realizamos a través de un patrón de actividad extendido temporalmente. Ver es tener habilidades que nos permiten realizar esta actividad.

 

El acercamiento que nos presenta el ponente permite explicar el fenómenos visual (o la fenomenología de la visión), denotando las diferencias que existen entre la calidad de la experiencia que genera la estimulación de la corteza visual con respecto a la estimulación de la corteza auditiva o cualquier otra entrada sensorial.

 

La teoría, además, permite reolver otros problemas en la ciencia visual, como, por ejemplo, el hecho de que la visión del mundo permanece estable a pesar de los movimientos oculares, y el problema del punto ciego en el campo visual, así como el problema del enlace (binding problem). Por último, el concebir a la visión como una habilidad sensoriomotriz permite plantear predicciones empíricas con respecto al fenómeno de la ceguera al cambio y la sustitución sensorial.

 

Resolver estos problemas teóricos implica un camino que el ponente recorre a partir de la pregunta “¿ por qué creemos que lo vemos todo?”. Tenemos la impresión de ver un panorama general. Pero en el cerebro no hay imágenes sino instrucciones para manipular la información y de esta manera, dice O’Regan, la visión (como conjunto de habilidades) permite un conocimiento. Por ejemplo, los mecanismos de compensación que generamos a partir de las perturbaciones visuales. La adaptación no es algo que corrija las anomalías, dado que la visión no es un proceso unitario, sino más bien una red de habilidades dispersas (unrelated). Lo que tenemos de conocimiento acerca de cómo se ve el mundo es imaginería mental. Pero ésta no es la llamada visión interna o la representación mental. O’Regan, de hecho, rechaza la idea de las imágenes mentales. Reconoce que los procesos cerebrales participan en el ‘ver’, pero insiste en que ‘ver’ es algo que hacemos y no algo que sucede en el cerebro.

 

La visión es un fenómeno mental inefable; se impone, a diferencia de la memoria, que es fugaz. Sus características lo hacen distinto de otros fenómenos. También el ver cuenta con una propiedad de corporeidad. Ver un objeto es saber qué es lo que se puede hacer con él. Nuestra memoria está ‘contaminada’ por el conocimiento previo del mundo, y aquel proviene de lo que hacemos en el mundo. Los cambios repentinos en el campo visual resultan imperceptibles, lo cual, dice O’Regan, explica la ceguera al cambio de la que habló en sesiones anteriores.

 

Detectar los cambios implica transitividad, que se refiere a una noción de locación e implica la distinción del ‘sabor’ de la transitividad, y por último implica la capacidad de enlace (binding), que consiste en la posibilidad de concebir, por ejemplo, un triángulo, a través de la unión y la combinación de sus atributos que activan el concepto de triángulo. Tal activación es un mecanismo neurológico que conduce, en efecto, a los sujetos a concebir un triángulo, pero a partir de lo que saben que pueden hacer con él. A partir de lo que saben del triángulo. Ver es, pues, una actividad sensoriomotora.

 

Con todos estos elementos, el ponente responde a la pregunta inicial. No. No vemos todo; en realidad es poco lo que vemos, nuestra memoria está contaminada porel conocimiento previo del mundo y éste proviene de lo que hacemos en el mundo, más de lo que vemos en él.

 

Alejandro Brauer Vega

 

Fenomenología analítica y la noción de espacio físico

11 de Abril de 2003

 

El ponente continuó criticando las representaciones mentales como un tema clásico, cuya concepción sugería la imagen interna de los objetos externos. Según O’Regan, las representaciones mentales son el resultado de habilidades cognitivas que manipulan los datos del conocimiento contenido en la memoria interna. Al pensar en algo., se activa el sistema que llamamos  `memoria´ -y se refiere a él como `interno´, pues el ponente considera al mundo como una memoria externa-pero al ver se genera igualmente la dinámica de imaginería mental. En ambos casos, O´Regan prefiere no llamarles representaciones, por evoitar caer en la trampa de una fotografía mental. Ver, insiste el ponente, es una habilidad del sistema sensoriomotor, y debe demostrar que ver algo simple, como un color cualquiera, requiere de habilidades cognitivas.

 

El pensamiento se erige a partir de leyes que codifican las contingencias sensoriomotrices. No importa si el ojo se mueve: el cerebro aprende a ver las líneas rectas, las neuronas involucradas conservan el código `línea recta´. Ver el color rojo –ver rojo- es saber qué contingencias sensoriomotrices típicas del rojo se presentan, y el cerebro aobedece a estos procesos. El rojo es la forma en que las cosas rojas modifican la luz (Broackes, 1992). Lo que se llama rojo no esla excitación retiniana, ni cortical, sino las habilidades funcionales que permiten la percepción del rojo, a través de las leyes que contiene el sistema cognitivo como conocimiento del rojo. Si (es cierto que) ver rojo es una habilidad, esto cambiaría la perspectiva de las modalidades sensoriales.

 

La concepción antigua o clásica sostiene que el fenómeno de la visión se realiza y depende de reacciones electroquímicas de nervios específicos, de rutas neuronales y mapas corticales. Es decir, es un fenómeno totalmente neurológico-sensorial.

 

La concepción de O´Regan promueve (y en esto consiste en el resumen de las dos últimas sesiones) que la sensación es una serie de cosas que hacemos y que se genera a partir de la habilidad, y no en el cerebro.

 

Bajo este punto de vista, los antiguos problemas teóricos y empíricos (el binding problem, la teoría del homúnculo, la sustitución sensorial) dejan de ser un problema. Y resuelve el problema de la conciencia fenoménica en laque diferentes estímulos proveen diferentes campos perceptivos. La diferencia entre lo que se percibe se genera en lo que hacemos con lo que percibimos a través de las habilidades cognitivas involucradas y no en el cerebro.