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VERDAD Y CATEGORIZACIÓN

 

Una categorización es una distribución, una clasificación, una partición de la realidad o de una parte de ella. Utilizamos las particiones de manera natural todo el tiempo, cuando cocinamos o dividimos a las personas por género. Toda categorización que realizamos es parcial en la medida en que somos seres finitos, pero a pesar de no poder realizar una partición absoluta de la realidad, las particiones parciales suelen ser verdaderas, correctas. Es difícil hacer categorizaciones falsas, las puede haber más eficaces como las que utiliza la ciencia o malas  (como La Enciclopedia China de Borges); pero la ineficacia no les resta veracidad. 

 

Debemos entender como categorización: un trazado (típicamente complejo) de límites fiat de cierto dominio, entendiendo como limites fiat, acotamientos imaginarios creados por nosotros mismos. Las particiones son artefactos de nuestra cognición de nuestra actividad de categorizar, arreglar, clasificar, nombrar, enlistar, referir, percibir, o mapear.

Las buenas particiones, verdaderas o correctas. No alteran el mundo. Dejan el mundo exactamente como es.

 

Muchas veces las particiones que utilizamos incluyen coordenadas, etiquetas, significados o conceptos.

 

Todas las particiones transparentes son legítimas, pero unas son más pertinentes que otras. Existen distintos criterios para juzgar la calidad de las particiones, uno de ellos es la completud (completeness). Otro criterio es la naturalidad (naturalness), otro la principalidad (principledness), pero probablemente el más importante de los criterios, es la capacidad de garantizar predicciones fiables. Esto es a lo que aspira la ciencia. Existen todo tipo de particiones, particiones de las ciencias naturales o particiones del saber popular, particiones del sentido común, y aunque algunas nos parezcan  poco útiles, lo único que se necesita para que una partición sea verdadera es que las celdas en las que se divide correspondan a algo que existe. Resta preguntarse ¿en qué medida la transparencia de las particiones está subordinada a la utilidad?  

Tanto las particiones que proponen los reduccionistas como los objetos que admiten los nominalistas o los fisicalistas existen; todas estas ontologías son ciertas en un sentido técnico; son particiones  transparentes; cometen una equivocación sólo cuando pretenden afirmar que unicamente sus particiones existen y ninguna otra.

 

Cabría preguntarnos ahora, ¿son las particiones científicas verdaderamente fieles y por lo tanto,  transparentes a una realidad independiente? Algunas posturas filosóficas niegan esta posibilidad a la ciencia, la ciencia afirman, no habla de la realidad en absoluto, habla de entidades teóricas; la consideran como una herramienta meramente instrumental con capacidad de predicción. Sobre la respuesta a esta pregunta versa el resto de esta exposición.

Podemos manipular las particiones; agregando o diminuyendo las celdas constitutivas de la partición se puede regular la granularidad de la misma, de más fina a mas gruesa (tosca/burda), también se pueden pegar unas  particiones con otras,  restringir sus dominios o ampliarlas.

 

El sueño del realista (la meta de la ciencia), sería poder realizar una partición absoluta, ‘divina’, una super partición en la que “cada elemento de la realidad física ocupara una celda de la partición” (Einstein-Podolsky-Rosen 1935). Podríamos pensar que en la medida en que cada partición es transparente y verídica sencillamente tendríamos que adherirlas unas con otras para lograr una super partición. En principio esto es probable porque las particiones de la ciencia son consistentes entre sí, excepto cuando entramos al dominio de la cuántica. Aún así en relación a los campos mesoscópico (escala humana) y microscópico el realismo sensorial (sense realism) resulta pertinente irrestrictamente.  Efectivamente, se pueden derivar rigurosamente verdades del saber de la física popular (folk physics) a partir de las leyes de la mecánica cuántica; esto se lleva a cabo deslizándonos de particiones más finas a mas gruesas.

 

Cada partición aprehende la realidad de distintas formas pero dichas particiones no refieren a realidades distintas: la realidad es una sola. Esto es el “perspectivismo” (perpectivalism), que reconoce que existen distintas maneras de categorizar el mundo que dependen de la perspectiva en que se mira. Una partición puede, también, comprender la totalidad de la realidad; y esto se puede hacer de distintas maneras (e.g. la tabla periódica de los elementos abarca la totalidad del mundo físico). Las particiones pueden también tener celdas vacías, una buena teoría de particiones necesita más de un conjunto de celdas vacías porque se pueden cometer errores al realizar las particiones.

 

Las particiones pueden a veces crear objetos: objetos fiat. Ahora bien, también existen los objetos bona fide, objetos que existen independientemente de las particiones que realicemos. Algunas particiones involucran ambos tipos de linderos.

 

Una partición es transparente sí:

  1. sus fronteras fiat corresponden por lo menos a los linderos fiat de los objetos de la realidad de su dominio.

  2. con suerte corresponden a linderos bona fide, (a las articulaciones de la realidad).

 

En el primer caso la  partición genera un acotamiento de un continuo, en el segundo caso, la partición captura los acotamientos del lado de la realidad, pero en ambos casos la partición es transparente.

 

 Existen distintas maneras de proyectar exitosamente un sistema de celdas sobre la realidad y por lo mismo distintas maneras de localizar un objeto dentro de una de estas celdas; la partición puede ejemplificar al objeto, conceptualizarlo, poseer las propiedades de, o ser una localización espacial del mismo.

 

Cuando nos dirigimos a un objeto, nuestra orientación intencional (intentional directedness) se efectúa a través de alguna partición y podemos utilizar diferentes particiones que presentan distintos grados de granularidad.

 

Existe una postura filosófica que considera que no vemos, o no nos dirigimos, a objetos sino a proposiciones, significados, conceptos etc. Que lo que aprehendemos no son los objetos en sí, sino los conceptos de dichos objetos. 

 

Esto es un  error que se presenta al pretender localizar las modalidades de la partición sobre el objetivo. El contenido, el significado o las representaciones se vinculan con el sujeto y el acto de ver, no con el objetivo; son instrumentos por medio de los cuales nos relacionamos con los objetos y son transparentes con respecto a la realidad.  Reconocer esto evita todo tipo de seudo-problemas que ponen en duda la capacidad que tenemos para acceder al mundo. Estamos de hecho en el mundo y podemos acceder a él por medio de las particiones que creamos porque son transparentes.

 

Creamos particiones porque las necesitamos, por ejemplo cuando contamos. Frege considera que los números pertenecen al reino de los conceptos, pero en realidad pertenecen al reino de las particiones.  También a este pertenecen los conjuntos que son herramientas matemáticas que hablan sobre los objetos de la realidad. Un conjunto es una partición ‘enlistada’, donde los elementos existen sin un orden o localización particular, mientras que en las particiones comunes a cada elemento le corresponde una celda particular.  Esto hace de las particiones mejores herramientas que los conjuntos.

 

Las particiones se relacionan con la realidad vía la intencionalidad;  a través de sujetos conscientes, que las utilizan como herramientas (de medición, clasificación, mapeo, etc.), herramientas que se encuentran inertes hasta que son utilizadas por humanos o animales.

 

Así como los mapas son proyecciones del mundo las proposiciones lo son también, son ganchos semánticos de la realidad, se relacionan de forma verídica con una porción del mundo.

 

Como dice Wittgenstein en el Tractatus:

“3.12 …la proposición es el signo proposicional en su relación proyectiva del mundo.”

“3.13 A la proposición pertenece todo cuanto pertenece a la proyección; pero no lo proyectado.”

 

Por todo lo anterior podemos deducir entonces que la verdad es un obsequio, es fácil de obtener, fácil de explicar. La falsedad es el fracaso de una tentativa de conformidad (adaptación/amoldamiento) que se debe a un fracaso de proyección o a un fracaso de coordinación, y no una conformidad exitosa con algún estado de cosas inexistente.

 

El realismo semántico entonces, parte de una teoría de las proposiciones como imágenes articuladas de la realidad a las cuales la teoría de la verdad se vincula de forma obvia.

 

Alejandro Brauer Vega

 Jean-Philippe Jazé